Hacia dónde y cómo

Hacia dónde y cómo

miércoles, 24 de marzo de 2010

A destiempo


Tomé una librete y escribí cosas sin pensar,
fluí entre un café y otro,
cuando me di cuenta estaba sentado frente a
La Soledad fumándome la "chinga" del cigarrillo,
me había extraviado entre ese San José que
conocía como mi mano...pero ¿cómo?
Pensaba en viajes al fin del mundo,
pensaba -aún- en ella de cierta forma y todavía
me quitaba de la parte de atrás de mi mente
fotografías que habían quedado colgadas como
recuerdos.
Me encontraba esperando una primavera que no
iba a venir, esperaba el florecer de los árboles y por
el contrario se caían las hojas,
ya esta vez no estaba lejos...estaba aquí.

viernes, 1 de enero de 2010

1 de enero


Las calles solitarias,
donde solo deambulan
unas cuantas almas
a las tres cuarenta
de la tarde.
Me voy consumiendo
entre suspiros y cigarrillos,
extraviando recuerdos
como si fueran gotas
de lluvia cayendo
en el mar Egeo.
El café amargo,
el cigarrillo de vainilla y mis
dedos, índice y anular
un poco amarillos.
Tinta azul como el cielo
antes de amanecer,
24 grados y las manchas en el suelo,
las manchas en los adoquines
de las callecillas estrechas
de la ciudad solitaria.
Los edificios destruidos por
el tiempo, perdidos en
un espacio moderno,
desencajando como el escrito.

Por Fernando Bermúdez Kuminev.

lunes, 14 de diciembre de 2009

El té de las 10


"Ella arregla la cama para dos.
Yo termino mi cigarrillo en un café
de la calle Neofit Rilski.
Ella se sienta en el balcón a tomar el té
y a pensar.
Yo tomo el autobus mientras el reloj marca
las 23.
Ella se peina frente al espejo y luego
pone la mesa para dos.
Yo bajo en la última parada y camino
hacia el apartamento.
Ella se sienta en el loby a esperar.
Yo abro la puerta del apartamento
y una vez más no hay nadie que me espere,
nadie ha puesto la mesa,
me siento en la cama, me dejo caer y prendo
un cigarrillo.
El abre la puerta y ella salta a sus brazos,
se sientan a comer mirándose a los ojos,
han detenido el tiempo,
al igual que todas las noches.
Yo aun sigo pensando...
y si no me hubiera marchado,
aun ella me esperaría cada noche
para sentarnos a comer y detener
el tiempo..."


Por Fernando Bermúdez Kuminev.

Uno


Mostrame el cuerpo,
deja que caigamos el uno sobre el otro,
que nos hagamos uno,
uno que arde apasionado,
uno que se consume en la exitación y
pierde el control,
uno que se empapa en sudor,
uno en el roce con las sabanas.
¡Uno! porque si fuéramos dos,
seríamos demasiado para esta cama,
para esta habitación,
para nosotros,
para el amor...


Por Fernando Bermúdez Kuminev

"Eran las 4 menos 4 minutos,
hermosos los bulevares, la feria,
los cigarrillos y sus ojos negros...
Ella se movia tan apresurada con su falda escocesa
y una sueter amarilla,
quería tomarla de la mano,
quería besarla mientras llovía,
todo por aquellos eternos minutos
que aun quedaban para que se acabara
la hora, nuestra hora,
la que era suya y mía,
como aquél cigarrillo, el café y
aquellas gotas de lluvia que nos mojaba,
que empapaba nuestros cabellos,
nuestras caras y nuestra ropa.
Si tan solo nos conocieramos,
si nos hubieramos topado en la misma acera,
pero no...nos separa aquél inmenso vacio,
aquella calle adoquinada, aquellos autos...
Si existiera la posibilidad de que el amor exista
y de que uno se enamore...."

Por Fernando Bermúdez Kuminev

martes, 1 de diciembre de 2009

Sin palabras



Se había acabado la noche, pero lo admito más de una vez intente asesinar su vida con un cigarrillo. La luna estaba en esa constante batalla con las nubes, al final ganó el sol...pero para mi las estrellas cerraron la función. La vida se va pareciendo cada vez a un sueño infinito, llena de fantasías, llena de momentos que simplemente solo en los sueños viviría, desde las más aterradoras pesadillas, hasta esos momentos a miles de kilómetros de cualquier conocido, simplemente con ese aire de libertad...fue ahí cuando empecé a percibir la libertad no solo en su ausencia, sino en su presencia, empecé.
Ahora es tarde o temprano, no sé, pero quería decirlo.
Final.
¿Qué tal?

Por Fernando Bermúdez Kuminev.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

17 de abril


Hoy sentado de nuevo en la esquina a pensar,
en todos los momentos que fueron algunas vez hermosos,
los tiempos que se congelaron y ahora me basta
con cerrar los ojos para volver al mismo lugar y ver
como se separó el camino, el suyo y el mío.
Es triste y duele saber, que ni con toda la magia del mundo,
ni con todo el amor del universo se podrá revivir
ni uno solo de aquellos momentos...y fue aquí,
cuando ya todo estuvo perdido, cuando ya solo quedan
esas trilladas palabras que no me atrevo a escribir,
fue en este instante en el que cayeron sobre mi mente
Los pasos para olvidar.

Por Fernando Bermúdez Kuminev

Emociones

Las emociones que invaden mi espíritu son cada día más grandes y fuertes, me siento poseído por el placer, me siento atraído por el vicio, deshecho por el amor y vuelto a la vida por la libertad de haber podido escoger ese camino por el que voy hoy…
El mundo que creíamos ver no es ni la mitad de hermoso que ese universo que se esconde en nuestras miradas, en nuestras mentes. Ese animal que se esconde en nosotros, solo escapa cuando al fin dejamos las apariencias, dejamos a terceros por fuera y solo así podemos sentir, vivir como en verdad deberíamos. En realidad sentiríamos la realidad si nos dejáramos caer por una sola vez, cree en esos sueños, en esas ilusiones y en ese momento romperíamos el cristal y la realidad sería una vez más debajo del mar, la Luna sin explotar nos quemaría y arderíamos en fragmentos que al tocar el aire se hacen uno, convirtiéndonos en estrellas fugaces que atraviesan el cosmos.