Hacia dónde y cómo

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domingo, 4 de marzo de 2012

Frito en verano y escabeche. (Sintiendo-La)


(Una simple barra de bar en el fondo con algunas sillas y botellas de ginebra en la pared, con luz tenue y el sonido de un televisor transmitiendo un película doblada al español. Unas cuantas personas sentadas sobre las mesas ubicadas de forma horizontal. El baño se encontraba en la esquina izquierda y la entrada a la derecha.
Se comienzan a escuchar murmullos cada vez más altos, se oye una campana y entra en escena Pablo, la televisión y los murmullos se detienen, hay silencio hasta que se sienta en la mesa del centro)

Pablo (viendo el vacío) .-Señor un ginebra y una cerveza...por favor (el señor de la barra prepara los tragos y se acerca a dejarlos sobre la mesa)

(Se comienzan a escuchar los pensamientos de Pablo mientras el escenario cambia de posición, salen las mesas del escenario, excepto la de Pablo, la cual se ubica en un último plano, entran en escena Mercedes y Luis)

Pablo (viendo a Merecedes y Luis tomándose el trago de ginebra)-. Era sábado por la noche, me encontraba inquieto -por algún motivo-, daba vueltas sobre la alfombra, me imaginaba recorriendo los laberintos de su textura, esa trama perfecta que me envolvía. Miraba a veces de una forma mal intencionada el reloj, quería que el tiempo sintiera, que esas agujas -aunque no tuvieran vida- se estremecieran, que percibieran ese frío en su médula de metal...sentía envidia, descontento, una aversión gigante hacia ese movimiento tan despreocupado sobre el tiempo, seguir, continuar...
tal vez eso era lo que me inquietaba.

(Continúa)

viernes, 1 de enero de 2010

1 de enero


Las calles solitarias,
donde solo deambulan
unas cuantas almas
a las tres cuarenta
de la tarde.
Me voy consumiendo
entre suspiros y cigarrillos,
extraviando recuerdos
como si fueran gotas
de lluvia cayendo
en el mar Egeo.
El café amargo,
el cigarrillo de vainilla y mis
dedos, índice y anular
un poco amarillos.
Tinta azul como el cielo
antes de amanecer,
24 grados y las manchas en el suelo,
las manchas en los adoquines
de las callecillas estrechas
de la ciudad solitaria.
Los edificios destruidos por
el tiempo, perdidos en
un espacio moderno,
desencajando como el escrito.

Por Fernando Bermúdez Kuminev.

lunes, 14 de diciembre de 2009

El té de las 10


"Ella arregla la cama para dos.
Yo termino mi cigarrillo en un café
de la calle Neofit Rilski.
Ella se sienta en el balcón a tomar el té
y a pensar.
Yo tomo el autobus mientras el reloj marca
las 23.
Ella se peina frente al espejo y luego
pone la mesa para dos.
Yo bajo en la última parada y camino
hacia el apartamento.
Ella se sienta en el loby a esperar.
Yo abro la puerta del apartamento
y una vez más no hay nadie que me espere,
nadie ha puesto la mesa,
me siento en la cama, me dejo caer y prendo
un cigarrillo.
El abre la puerta y ella salta a sus brazos,
se sientan a comer mirándose a los ojos,
han detenido el tiempo,
al igual que todas las noches.
Yo aun sigo pensando...
y si no me hubiera marchado,
aun ella me esperaría cada noche
para sentarnos a comer y detener
el tiempo..."


Por Fernando Bermúdez Kuminev.

Uno


Mostrame el cuerpo,
deja que caigamos el uno sobre el otro,
que nos hagamos uno,
uno que arde apasionado,
uno que se consume en la exitación y
pierde el control,
uno que se empapa en sudor,
uno en el roce con las sabanas.
¡Uno! porque si fuéramos dos,
seríamos demasiado para esta cama,
para esta habitación,
para nosotros,
para el amor...


Por Fernando Bermúdez Kuminev

"Eran las 4 menos 4 minutos,
hermosos los bulevares, la feria,
los cigarrillos y sus ojos negros...
Ella se movia tan apresurada con su falda escocesa
y una sueter amarilla,
quería tomarla de la mano,
quería besarla mientras llovía,
todo por aquellos eternos minutos
que aun quedaban para que se acabara
la hora, nuestra hora,
la que era suya y mía,
como aquél cigarrillo, el café y
aquellas gotas de lluvia que nos mojaba,
que empapaba nuestros cabellos,
nuestras caras y nuestra ropa.
Si tan solo nos conocieramos,
si nos hubieramos topado en la misma acera,
pero no...nos separa aquél inmenso vacio,
aquella calle adoquinada, aquellos autos...
Si existiera la posibilidad de que el amor exista
y de que uno se enamore...."

Por Fernando Bermúdez Kuminev

martes, 1 de diciembre de 2009

Sin palabras



Se había acabado la noche, pero lo admito más de una vez intente asesinar su vida con un cigarrillo. La luna estaba en esa constante batalla con las nubes, al final ganó el sol...pero para mi las estrellas cerraron la función. La vida se va pareciendo cada vez a un sueño infinito, llena de fantasías, llena de momentos que simplemente solo en los sueños viviría, desde las más aterradoras pesadillas, hasta esos momentos a miles de kilómetros de cualquier conocido, simplemente con ese aire de libertad...fue ahí cuando empecé a percibir la libertad no solo en su ausencia, sino en su presencia, empecé.
Ahora es tarde o temprano, no sé, pero quería decirlo.
Final.
¿Qué tal?

Por Fernando Bermúdez Kuminev.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

17 de abril


Hoy sentado de nuevo en la esquina a pensar,
en todos los momentos que fueron algunas vez hermosos,
los tiempos que se congelaron y ahora me basta
con cerrar los ojos para volver al mismo lugar y ver
como se separó el camino, el suyo y el mío.
Es triste y duele saber, que ni con toda la magia del mundo,
ni con todo el amor del universo se podrá revivir
ni uno solo de aquellos momentos...y fue aquí,
cuando ya todo estuvo perdido, cuando ya solo quedan
esas trilladas palabras que no me atrevo a escribir,
fue en este instante en el que cayeron sobre mi mente
Los pasos para olvidar.

Por Fernando Bermúdez Kuminev

lunes, 16 de noviembre de 2009


Me había peleado con el café,

me había peleado conmigo, pero encontré paz

a mi alrededor, en el bus y en el mundo.

La cucharadita de azúcar morena,

la iglesia y el atardecer,

sentía el aire muy amargo

veía con los ojos nublados, pero el corazón

aliviado.


Por Fernando Bermúdez Kuminev

martes, 10 de noviembre de 2009

Paso II


Después de rasurarme y lavarme la cara, cepille mis dientes. Aseo normal, no de todos los días, pero si algo necesario - bueno hasta cierto punto - para poder ir al trabajo. Hace seis meses trabajo poniéndole el precio a los productos en el Centro Comercial, en un local: "Súper-basurero". Es de esperar que en el lugar vendan basureros, así es.

Miércoles por la mañana, seis treinta y el autobús no ha pasado. Hoy cumplo un mes de encontrarme en esta patética situación. Seis treinta y dos, el autobús aún no ha pasado. Sentirse el hombre más feliz del mundo, abrir los ojos y estar feliz de existir, salir a la calle y respirar profundamente, nunca he sido de esos y hoy tampoco fue la excepción. Todos los días me levanto pensando en como el mundo cada día se va más para la mierda, como nos matamos y nos condenamos solos en esta isla que vivimos. Mientras camino a la parada del bus noto que no vivo en un barrio malo, pero estoy consciente de cómo esta la ciudad infestada de pobres diablos, de cómo la vida los ha condenado, diría yo que son inocentes. Seis treinta y cuatro, el bus da la vuelta en la esquina. Han pasado más de mil pensamientos en mi cabeza del por qué no llegaba a tiempo – seis treinta – como todos los días.

Desde que el chofer se quedó dormido, porque su despertador se averió a las tres cuarenta y cinco cuando de pura casualidad hubo un pequeño fallo en la electricidad; pudo haber sido culpa también de su compañero (siempre hablando del despertador) que desconectó lo que no tuvo y conectó el televisor; pudo haber sido simplemente que su reloj se encuentra atrás en el tiempo, creando su propio tiempo cuatro minutos atrasado, pero aún así sigue siendo su tiempo.

Después de esos breves pensamientos, fugaces y sin sentido, saqué las monedas para el pase y subí de primero, al pagar mire a los ojos al chofer, efectivamente se había levantado apurado, no tuvo ni tiempo de lavar su cara, aspecto desbaratado…

Me intriga siempre que me montó a un bus la misma pregunta: ¿de qué lado dará el sol? Siempre hago lo mismo con mi mano (se estira la mano en posición horizontal en un lugar donde de el sol y se estiran los dedos señalando la postura que ira a tomar el bus en el transcurso del camino) Está vez iban a caer los rayos del lado derecho.

Bordes, intrigas, un sueño, un deseo…estoy harto.

Sin sustituir a nadie, simplemente me sentí solo, me sentí…vivo.

Por Fernando Bermúdez Kuminev.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Primer espejo. (Ojos que sienten)


“Son las cinco de la mañana tengo la garganta seca, me duele, es el frío de la madrugada. Necesito un vaso de agua, pero si me despego de las cobijas en esa ida y vuelta por un simple capricho, cuando vuelva mis pies van a estar fríos y no me voy a poder volver a dormir, mi garganta-.”

Volví a dormir esa madrugada escuchando con mi mente el salpicado de las gotas en el techo, tuve un sueño con una muchacha; esta me agarraba el brazo con muchísima fuerza –en el sueño- y de un momento a otro estábamos volando entre planetas, sobrevolábamos en una estrella fugaz y sentí –mejor dicho escuché-, en lo profundo de la mente como dejó de llover. Abrí los ojos, estaba en mi cuarto, oscuro, esta vez más sombrío de lo normal, en el piso estaban el jeans y las medias -tenía un piquete en el brazo que me incomodaba-; me levanté y miré la repisa estaba llena de discos, sentía pereza de ordenar –empecé a sentir el dolor de cabeza y el piquete en el brazo me seguía incomodando-, me puse de pie y me quite la camiseta -sentí un escalofrío-, me puse el jeans y dejé las medias. Abrí la puerta y vi un pasillo bastante largo – ¿aún estaba soñando?-, olía mal, era una mezcla de sudor y vómito, escuchaba un escándalo, pitos, gente gritando. -¿dónde estaba?-. Luego caminé por el largo pasillo había muchas puertas, tenía sucio el cuerpo entero y el escándalo seguía - quería preguntarle a mi mamá que había de desayunar-.

-Diay guebón ¿ónde se metió ayer?

Mire atrás y un muchacho me estaba hablando –ciento un preguntas dieron tres vueltas en mi cabeza al mismo tiempo, pero ¿dónde estaba y qué pasaba? tomaron un lugar primordial- Me iban dando vueltas las mismas preguntas a cada instante, a cada paso, hacia el final del pasillo. Caminé rápido para perder al joven y salir rápido del pasadizo, pero aún con esas dos preguntas girando en mi mente –y el piquete en el brazo que no dejaba de interferir-. Al final del pasillo había una puerta que abrí –para escapa de las preguntas, el piquete, el muchacho y la pesadilla- y salí a una calle. En el mismo instante abrí la puerta buscando escapar de la pesadilla iba entrando una mujer mal vestida y sucia; el miedo me invadió por completo el ser. Caminé por la calle sin saber hacia donde me dirigía y paré a preguntar en una tienda dónde estaba.

-Señor ¿qué día es hoy?- pregunte mirando a los ojos de un señor como de unos cincuenta años, me devolvió la mirada, rió –de mí, creo-, se puso de pie y dijo bruscamente:

-¡Jale, jale de aquí piedrero!- Hubo silencio en mi cabeza al parecer esto trascendía más allá de una simple pesadilla y empecé a correr.

Corrí rápido, rápido hasta que los pies no me daban, llegue al Parque de la Merced. En mi cabeza había muchísimas dudas, preguntas ¿dónde estaba?, ¿qué estaba pasando?, ¿y mis amigos?, ¿mi mamá, mi hermano, en que año estaba, que día, que mes? -¡Maldita sea!-, ¿quién soy? Me senté en una banca a llorar estaba desesperado. Mire a mi alrededor y me desvanecí.


Por Fernando Bermúdez Kuminev

domingo, 8 de noviembre de 2009

Paso III (Planta baja)



Estamos cerca de un armario amarillo, hay una lámpara roja en el centro de la cocina, la mesa es áspera y no tiene mantel. Me tumbé contra el refrigerador para sentir la comida e intentar atravesar la materia gris con un esfuerzo, pero nada se desliza tan fácil. Quiero comerme una rodaja de pan blanco, pero no hay, solo están esas migajas sobre la mesa sin mantel –ahí está lo áspero-.

Doy tres pasos hacia el lavaplatos, camino únicamente sobre las líneas negras de la cerámica, puede que exista una combinación extraña y si uno da un paso en falso se derrumba el piso del apartamento; estoy frente al lavaplatos –hay hormigas- quiero un vaso, ¿dónde están?, era la única pregunta que daba vueltas como las bolas de un bingo antes de salir…19, 19 fue el número que me faltó para el premio, seis, seis cartones compraron y tan solo un cigarrillo de 5 minutos.

Dominando el momento, sin perder la calma ni tampoco el equilibrio sobre la línea negra de la cerámica, puse mi cabeza sobre el piso y empecé a dar vueltas hacia una silla, una vez frente a la impresunta (silla), la tome por las patas y la lancé hacia el techo.

Hoy vi por la ventana de un quinto y tenía ganas de lanzarme hacia un viaje infinito y solo mío, soltar mis alas, desprenderme del mundo, estar en la nada, ser nada, ni siquiera un recuerdo...Hoy quise no olvidar, pero si ser olvidado, hoy vi un futuro no tan lejano lleno tal vez de lágrimas y llantos, pero un momento y un espacio que era solo mío.

Sentía que una amalgama de ideas, pensamientos y muchos sentimientos se formaban en mi cuerpo, mi mente, me recorrían y me corroían. Me sentía oxidado, respiraba ese metálico sudor e inhalaba ese humo gris, como se expandían y se contraían los músculos del cuerpo -el dolor abdominal-. ¡ESTOY VIVO! Y me siento a meditar, entre meditación y muchas lamentaciones de hechos y deshechos, unas cuantas lágrimas que se secan antes de caer del rostro, la sal que mis labios prueban, el sonido del sollozo...soy yo el que esta frente a ese espejo que se desliza hasta la planta baja.

Por Fernando Bermúdez Kuminev

lunes, 28 de abril de 2008

Blub26



"La quiero llevar a un mundo donde todo lo real se vuelve una quimera,
que las cosas con sentido dejan de tenerlo y es fácil dividir todo entre 0.
Uno se se puede tapar con el mar cuando hace frío y acercar la Luna para
verla mejor.
Que mundo más bello, perfecto, hermoso, exquisito.
No existe el sufrimiento, solo el goce de un cambio..simplemente hay que
tomar un suspiro y cerrar los ojos, dar un golpe a la tierra, el pavimento,
lo que sea, se zapatea y se viaja..."

Por Fernando Bermúdez Kuminev.

domingo, 15 de julio de 2007

Solo con el tiempo




Solo con el tiempo

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma. Uno aprende que el amor no significa sexo, y una compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender. Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos. Y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.
Uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende.
Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas. Con el tiempo te das cuenta que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tú soledad, irremediablemente acabaras no deseando volver a verla. Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se vera rodeado solo de amistades falsas. Con el tiempo también aprendes que las palabras dichas en un momento de Ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes. Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día lloraras por aquellos que dejaste ir. Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible. Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados y al cuadrado. Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionara que al final no sean como esperabas. Con el tiempo te das cuenta que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante. Con el tiempo veras que aunque seas feliz con los que están a tu lado, extrañaras terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado. Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene ningún sentido. Pero desgraciadamente, solo con el tiempo.

Jorge Luís Borges

Emociones

Las emociones que invaden mi espíritu son cada día más grandes y fuertes, me siento poseído por el placer, me siento atraído por el vicio, deshecho por el amor y vuelto a la vida por la libertad de haber podido escoger ese camino por el que voy hoy…
El mundo que creíamos ver no es ni la mitad de hermoso que ese universo que se esconde en nuestras miradas, en nuestras mentes. Ese animal que se esconde en nosotros, solo escapa cuando al fin dejamos las apariencias, dejamos a terceros por fuera y solo así podemos sentir, vivir como en verdad deberíamos. En realidad sentiríamos la realidad si nos dejáramos caer por una sola vez, cree en esos sueños, en esas ilusiones y en ese momento romperíamos el cristal y la realidad sería una vez más debajo del mar, la Luna sin explotar nos quemaría y arderíamos en fragmentos que al tocar el aire se hacen uno, convirtiéndonos en estrellas fugaces que atraviesan el cosmos.