Hacia dónde y cómo

Hacia dónde y cómo

sábado, 11 de abril de 2026

05-25

 La selva desnuda, sus olores,

la sierra despedazando sus árboles, 

pero el agua sigue corriendo.


Frío, calor y frío, 

la alfombra de musgo que cubre sus rocas, 

la caída al vacío, 

el agua que da vida, la quita, la devuelve.


Esta naturaleza que lo puede destruir todo, 

y hacerlo de nuevo. 


Las suaves gotas de agua que perforan rocas,

los inmensos espacios vacíos del suelo,

el aire sutil.

El olor a suelo mojado.

04-25

 Como si fuera la primera vez de la última vez,

su olor atrás de la oreja, 

lagrimas, risas y absurdos.



Se nos va el tiempo, ¿o nos estamos yendo con el?

Los cambios profundos, momentáneos e intensos.

Encadenado en el mismo track,

resistiendo a la posverdad del fracaso.


Delirios e ilusiones, 

el Turrialba haciendo erupción, 

mientras Moín arde en llamas.

Lo que sería de nosotros si nunca hubiéramos existido.


Los hubiera, no existen.


03-25

 Romper las cadenas,

el hambre que no he sufrido,

los niños y niñas bajo los misiles

¿cómo no escribir de la guerra?

¿cómo ser indiferente en el silencio?


Soñar es gratis y morir también.

¿Volveremos?

Nunca se puede volver, 

es un permanente movimiento,

aunque fuera que le diéramos la 

vuelta al mundo, volver a un lugar

no será nunca volver al mismo lugar.


No podría haber tanta maldad 

sin que existiera tanta bondad.

Pasajeros infiernos

que parecen eternos.


K


02-25

 ¿Detenemos el tiempo o solo lo ignoramos?


Congeladas brisas,

efímeras ideas de felicidad y placer.


Cuanto dolor y sufrimiento.

¿Dónde está?


El silencio de las no-acciones en medio

del escándalo mediático,

del morbo televisivo 

y del destejido de las burbujas sociales.


Parece terror, pero ya se superó la ficción.


K


01-25


Como dolía recordar, 

pensar e intentar olvidar,

olvidar e intentar pensar.


La nebulosa de sentimientos, 

la amalgama de ideas,

el vacío y la urgencia de saltar.


Pasaba el tiempo y la hostilidad,

pasaba el viento,

me acariciaba la cara,

despertaba solo en la cama,

en la misma cama, 

sobre las mismas sábanas.


Amor no romántico,

noticias de inteligencia artificial,

café instantáneo,

viajar en avión de pie.


K

sábado, 14 de enero de 2017

"BALACERA DOMINGUERA EN CIENEGUITA"

Los periódicos más leídos eran amarillismo puro, el conflicto armado entre pandillas o grupos de criminales organizados era pagado con la muerte de jóvenes víctimas de diferentes fenómenos culturales, no por esto existía piedad para generar todo tipo de estereotipos sobre esta región desatendida desde el mismo nacimiento del Estado costarricense.

Los medios masivos de des-información construyen un imaginario que debería ser crimen ante la opinión pública, la acentuación de las noticias sobre la región y la presentación de la información influyen a generar criterios sesgados sobre la realidad compleja que se vive. En primera instancia la información mediática carece de un hilo conductor a través de la raíz histórica de la problemática.

La verdad es que están muriendo personas porque a un grupo de personas inconscientes son controlados por un negocio que se está acomodando en la zona. Los niños y las niñas, como el que murió el otro día de 11, asesinado por una bala de un arma ilegal detonada por una persona posiblemente drogada, y que hoy todavía esta respirando el aire frío de este octubre, que comenzó con lluvías por las mañanas y atardeceres de fuego.

La estrategia vulgar y violenta del estado ante la crisis de sus fronteras reflejan la incapacidad de garantizar la seguridad real de las personas, la seguridad del estado es un concepto que obedece principalmente a la sociedad de personas jurídicas, y no las sociedad de personas físicas.

Por Fernando Bermúdez  K

miércoles, 22 de octubre de 2014

Tejer

Tejerse un sueño para ponérselo cuando uno quiera,
para  colgarlo y mirarlo, o para guardarlo y sacarlo
cuando ya nada tenga sentido.

Tejerse un sueño para nunca perderlo,
dejar que se impregne en la parte de atrás de mis
párpados,
que exista en ese infinito interior.

Nervios

Me tuve que detener a observarla, sus ojos eran un universo que me atrapaba,
estaba lejos y yo estaba paralizado.

Volvió a ver y sentí miedo, caminé rápido y reí ¿me habrá visto?

Tenía ganas de escuchar realmente su historia para perderme,
para encontrarla, para ya no estar más lúcido.


miércoles, 30 de julio de 2014

Cuentos de bolsillo V

Íbamos en el carro hacia su casa, estaba un poco distraído, quería un cigarrillo.

Entramos en los barrios de la clase acomodada, anduvimos unos 20 minutos antes de llegar a la mansión, nos bajamos del carro y nos dirijimos a la entrada de la casa, Álvaro el oficial que me acompañaba era joven, le pregunté mientras caminábamos hacia el pórtico “¿por qué este trabajo?”

Abrieron la puerta cuando me iba a contestar. Era la guardaespaldas del otro día, solo que esta vez tenía una lencería provocadora, y los anteojos oscuros puestos.
-Buenas noches oficiales, pasen por acá.

La mujer nos guió hacia la sala.
-Pueden sentarse, la señora Zumbado vendrá en un momento ¿desean tomar algo?
El oficial que me acompañaba declinó la invitación, y me vi obligado a hacerlo también, pude haber tomado wisky.

Se abrió una puerta y escuhé los alaridos de una muchacha joven o tal vez una niña, al mismo tiempo se escuchaba el “¡Por favor!” de un hombre, escuché un latigazo y la puerta se tiró. 

"Me imaginé saltando del sillón y tomando el arma (del estuche bajo mi brazo), apuntándole a la guardaespaldas, mientras le hacía señas a Álvaro de que fuera a ver que sucede. Y se escuchaban unos tacones caminar alejarse rápido, no sabíamos donde estaban o hacia dónde iban, Álvaro salió de la sala en la que nos encontrábamos y en eso los tacones dejaron de sonar, se escuchó como se abrió una puerta y unos perros comenzaron a ladrar, parecía que corrían"

Parpadeé. 

La guardaspeldas nos volvió a ver:
-A la señora Zumbado le gustan las películas GORE en estas épocas, sin embargo en la sala de cine tenemos una gran diversidad y cantidad de películas, cuando quieran pueden venir.

Álvaro me volvió a ver con los ojos abiertos como una lechuza, en ese momento apareció la señora Zumbado.



viernes, 23 de mayo de 2014

Pequeños cuentos de bolsillo (IV)

En el noticiero televisivo de la mañana  y en la portada del periódico más circulado había salido una foto de la investigación: 
"VENTA DE NIÑOS PASA DESAPERCIBIDA POR LA POLICÍA"

El negocio multi-millonario de trasiego de personas, principalmente niños para venderlos a hombres adinerados o de clase media alta, casarlos en el primer mundo o adoptarlos legalmente en Malasia era una práctica que se  había generalizado cuando se aprobaron las leyes del "amor libre".
"¿Cómo los había adquirido?"
Esa pregunta estaba pegada en el complejo mapa conceptual dentro de la pared  de la oficina, solo teníamos al asesino que se suicido, su hermana y los niños muertos en la portada del diario.

Soñé que Myriam moría en mis brazos al nacer.




Escrito por Fernando Bermúdez K.

Pequeños cuentos de bolsillo (III)

¡Qué horrible era!
Las paredes manchadas con lápiz labial habían distraído a varios de los policías mientras tomaban fotos de la escena.
La mujer del otro día, la del abogado y la guardaespaldas es hermana del que asesino a los niños en el sótano.
Mercedes y Miriam discutían sobre políticas fascistas en las universidades, el show de tres patines era lo mejor con ellas y Pablo.
Mamá dormía hasta las seis.

Escrito por Fernando Bermúdez K.

24-2-14

Sabía que cuando la veía a los ojos nos insinuábamos,
¡ya no eramos extraños!
Su mirada fija en el espacio vacío
hacia que quisiera brincar y desaparecer,
estar frente a sus ojos.
¿Realmente había amanecido?
Tenía esa y varias preguntas más, su olor dulce y un poco salado había quedado impregnados en mi bigote, cada respiración era como saborearla una y otra vez.
A pesar de todo me había vuelto adicto a ella, no nos habíamos besado aún -¿qué putas?-, ni la conocía y en cierto modo sabía que había caído ahí en ese vacío.

Escrito por Fernando Bermúdez K

12/13

Había encontrado lugares más allá del horizonte,
perdido entre verdaderas montañas y llanuras ardientes,
pero aún ahí encontraba aquél frío de la soledad...
era como una enfermedad ¿en mi cabeza?

Las fotografías  que habíamos logrado capturar y -crear- elegir
dentro del amplio panorama de verano-gringo-¿europeo?,
o sea el paisaje magnífico, y además catalogado científicamente como
único, las orillas del bosque tropical seco extinto. Han sido tal vez
hasta unos minutos atrás lo mejor
y el efectivo cumplimiento de un objetivo que ni siquiera
tuvo que ser concebido de forma a priori.

Escrito por Fernando Bermúdez K

martes, 25 de febrero de 2014

Pequeños cuentos de bolsillo (II)

No habíamos terminado de resolver el complejo y enfermo asesinato de los infantes asiáticos en el sótano, cuando entró aquella tarde eufórica y con una sola frase en la boca "¡HIJO DE PUTA!"
Gritaba una mujer de unos 40 años, bien vestida y con una guardia con anteojos oscuros siempre a su lado, un abagado y su maletín rectangular forrado en cuero negro, y una especie de secretaria-asistente-esclava que hablaba por el celular de manera constante.
Apenas entró, gritó y volteé de forma casi instantánea mi vista a las fotos de los cuerpos de los niños reventados sobre mi escritorio, pensé con tanta lucidez "nada puede estar peor que esto"

Por Fernando Bermúdez Kuminev

lunes, 28 de enero de 2013

Frito en escabeche (II)



Una mirada perdida en un momento que recuerdo como si me acabara de pasar, fue la que capturó aquella imagen tan perfecta en mi cabeza -saliendo del contexto por supuesto-, esa sonrisa tan perfecta, el brillo que parecía crecer y desvanecerse de sus ojos, como el de las estrellas en la noche, era ella y su felicidad.

Había salido después de la última inquisición al reloj,
eran las 2:30 de la mañana, quería fumarme un cigarrillo,
sentir el frío clásico de la época. Me senté a fumar y
de pronto se fue acercando, una mujer con una falda larga
café oscuro, se aproximaba lenta, pero no había duda que venía en
mi dirección, eso me inquietó, ahora miraba hacia
el vacio, pero era incómodo, me sentía presionado, nervioso,
quería observarla mientras caminaba hacia mí -aunque no supiera
quién era-, en última instancia no lo pude evitar y volteé mi cabeza.

No había nada más que hacer, no se podía pintar un espectáculo más hermoso, era imposible lograr capturar un panorama más bello, ella estaba cayendo lentamente en el café de sus ojos, se movían y al mismo tiempo estaban estáticos, erán felices.

La miré estáticamente durante varios minutos,
estaba un poco impresionado, fascinado, exaltado -mi respiración se cortaba-,
era preciosa, su cabello suelto y largo,
su falda discreta y la camiseta blanca, de cuello
en "v" -tenía un bolsillo pequeño en el pecho-, la elocuencia
de su sonrisa y esas pestañas, largas y levantadas tan
delicadamente hacia arriba, me había enamorado y no lo pensé dos
veces antes de invitarla a pasar, quería cocinarle.

Era como una corriente marina,  una cantidad inmensamente diversa de individuos -esta vez no acuáticos, sino humanos- moviéndose en todas direcciones, solo de vez en cuando uno chocaba con alguien de frente y siempre la situación se resumía en escazas opciones, derecha, no, izquierda, no...
Ahora ellos se movían en esa corriente, tranquilos, dejándose ser lo que verdaderamente valía la pena, existiendo y sintiendo, ¿¡Qué más se le puede pedir a la vida!?, si el amor está en el aire, es verano y pronto será cuarto menguante, como amaban los dos sin saberlo esa etapa de la luna.

La había invitado a pasar -eran las 3:30-, y no estaba
del todo convencido, aún seguía pensando en Merecedes
-su olor estaba como impregnado en las paredes de mi apartamento-,
seguía esperando que llegara una carta suya,
que me enviara aunque fuera a un malnacido que me rompiera los vidrios,
lo que fuera, pero que me hiciera saber 2 cosas,
que está viva y que sigo existiendo -para bien o para mal- en
su cabeza.

Lo primero que me pasó por la mente fue ofrecerle una taza de té,
sentarnos a hablar de simplemente cualquier cosa que
pudiera estar pasándonos por la cabeza,
pero en vez de té terminamos tomando ginebra,
y no necesariamente esa noche lo que más hicimos fue hablar con palabras.
Recostado sobre la misma cama en la que tantas veces le había quitado la ropa,
donde tantas veces me había desvanecido de placer y caía tendido
sobre su cuerpo desnudo, caliente y agitado.
Ahora me encontraba sí, junto a un cuerpo caliente y agitado,
sobre un exquisito deleite para los ojos y el cuerpo,
pero el olor de Merecedes estaba ahí, en la almohada, en las sábanas...en mí.

Siempre después de recorrer de manera desprocupada por las calles, tomaban el bus -rutinaria costumbre, pero siempre tan mágica-. El bus costaba 365 y ella siempre -y aclaro, siempre- se lo pagaba. Cuando llegaban a casa se acostaban exhaustos del mundo -pero no necesariamente del suyo- sobre la cama, envueltos entre sábanas y almohadas, no querían más tiempo, no querían más ruido, más voces, más nada -solo ellos y la cama-. Se deslizaban las llemas de los dedos sobre su espalda mientras jugaban
a recordar y rimar palabras...bravas, hadas, ASADAS, no alto...bueno, en fin, un juego.








(Cont...)

Pequeños cuentos de bolsillo (I)



"El hecho se había presentado unas semanas atrás, sin embargo aún sentía impregnado el olor en mis fosas nasales, aquél hedor. Nunca antes en mi vida había sentido tanto asco, un hombre había domesticado (esclavizado-¿amado?) a un par de niños extranjeros –sospeché que los había comprado, ya que aún se podían distinguir ciertos rasgos taiwaneses- y los había hecho morir de infecciones en el estómago, desnutridos, alimentándose de tierra junto a sus propias eses...cuando llegamos al lugar los cuerpos no tenían mucho tiempo de haberse reventado, había gusanos y moscas de todo tipo en el sótano donde los encontramos con aquella inolvidable fetidez. El infeliz que los había matado se tiró de un edificio semanas atrás, tal vez no pudo contener la muerte del par de criaturas, somos prisioneros de nuestros actos"

Por Fernando Bermúdez Kuminev

lunes, 13 de agosto de 2012

Frito en escabeche (I)


Con cada olor en aquel bus podía generar recuerdos de momentos que aún no habían sucedido, pero que deseaba fueran en algún momento junto a ella. Me encontraba en el fin del mundo intentando escapar, de mi, de ella, de algo que no fue y ese hecho –el no ser- simplemente no me dejaban. Los sueños se habían vuelto tan impertinentes y más allá, donde no había nada más que el mar, las galletas de jengibre, los cigarrillos y el litro de ginebra, donde la inconsciencia divagaba de arriba abajo y yo simplemente trabajaba sobre como intentar olvidar algo que realmente no recordaba, pero se sentía como un vacío…era la inconformidad, el haberlo dejado todo y no haber intentado nada más que, decir cinco palabras en tono sarcástico y queriendo realmente escuchar una respuesta “¿qué se le puede hacer?”

Por Fernando Bermúdez K

domingo, 18 de marzo de 2012

Escape 0


La misma sopa, el idéntico sentimiento que
tantas veces me acechó, una vez más me ha
atrapado.

Una explosión de ideas que simplemente me
han llevado a sentarme frente al reloj y
preguntarle cuándo voy a poder estirarlo -el
tiempo que lleva-, cuando lo voy poder
detener y adelantarlo a mi gusto. Después de
pensar ideas que no son ideas y pensar en
sentimientos que tampoco lo son, me termino
fumando la cajetilla de cigarros mandando a
todo el mundo a la mierda.

Se me acabó la tinta del lapicero, se me
acabaron los minutos de paciencia y vuelvo a
caer en el mismo instante en el que me
encontraba meses atrás. Fueron demasiadas
fotografías, han sido demasiados rollos,
demasiados cuartos oscuros que he pensado.

Preferiría sentarme a quitarle la numeración
a toda la biblioteca nacional, antes que
estar de nuevo aquí, solo, con tanto que
dibujar, tanto que escribir, tanto que...
¿sentir?

Si pudiera escaparme...si pudiera...

Por Fernando Bermúdez K

Nueve 30


He tomado el autobus, me he bajado 3 paradas antes
y he caminado unos cuántos kilómetros -tal vez 2 o 3-,
para llegar a sentarme frente al infinito mar de luces citadinas,
desearía tanto poder tener una rasuradora y quitarme la barba en este instante.

De las cervezas y vinos que traía,
ya me lo he tomado todo
y me encuentro cerca de un precipicio,
al igual que la sociedad y la naturaleza.
Me siento egoísta y decepcionado,
siento tristeza y angustia,
si la batalla la perdí antes de haber empezado.
Ojalá estuviera en mi mente,
ojalá fuera todo un sueño
o uno de esos "sentimientos" pasajeros,
de esos "baches",
pero no es real, puro, crudo
y bastante ácido.

FATAL.

Por Fernando Bermúdez K

domingo, 11 de marzo de 2012

Aparta-miento


¿Pero cómo explicarlo?
Sentía que había encontrado
al amor sincero, al verdadero,
que ya había logrado escapar
de aquel que me llenaba, y al final,
era vacío y me despojaba de todo.

Sabía de forma equivocada
lo que era la buena vida,
dormir a su lado y desayunar caricias,
besos, suspiros y placeres.

Me traicioné, me traicionó y me traicionaron,
el amor, ella y yo mismo...una vez más.

Por Fernando Bermúdez Kuminev

Emociones

Las emociones que invaden mi espíritu son cada día más grandes y fuertes, me siento poseído por el placer, me siento atraído por el vicio, deshecho por el amor y vuelto a la vida por la libertad de haber podido escoger ese camino por el que voy hoy…
El mundo que creíamos ver no es ni la mitad de hermoso que ese universo que se esconde en nuestras miradas, en nuestras mentes. Ese animal que se esconde en nosotros, solo escapa cuando al fin dejamos las apariencias, dejamos a terceros por fuera y solo así podemos sentir, vivir como en verdad deberíamos. En realidad sentiríamos la realidad si nos dejáramos caer por una sola vez, cree en esos sueños, en esas ilusiones y en ese momento romperíamos el cristal y la realidad sería una vez más debajo del mar, la Luna sin explotar nos quemaría y arderíamos en fragmentos que al tocar el aire se hacen uno, convirtiéndonos en estrellas fugaces que atraviesan el cosmos.